Mas nosotros tenemos la mente de Cristo» 1 Corintios 2:16
Ojinaga Chih.- Nunca debemos subestimar el poder que tiene la mente. Por eso es una de las facultades de nuestra vida más difíciles de someter a Cristo en obediencia. La Biblia nos dice claramente que si pertenecemos a Cristo, tenemos su mente. Lo sabemos pero, ¿realmente nos dejamos guiar por Él, por sus pensamientos? Esta es una batalla diaria que libramos porque nos cuesta pensar como Jesús lo hace, ya que es totalmente contrario a nuestra razón permeada por nuestro egoísmo y nuestra naturaleza humana deformada por el pecado, entre otros conceptos que manejo ayer la pastora Amy Galindo, dentro del marco del 19 aniversario del establecimiento como “Iglesia La Cosecha”.
Si tan sólo entendiéramos que nuestros pensamientos ajustados a los parámetros de Dios traen lucidez mental, podríamos ver las cosas con más claridad. La Palabra de Dios nos da las armas espirituales para derribar las fortalezas de nuestro razonamiento que parecen impenetrables, para destruir los argumentos falsos que hemos formado desde la niñez, para destruir todo obstáculo de arrogancia que se levanta contra el conocimiento de Dios y capturar nuestros pensamientos rebeldes a su voluntad, llevándonos a la obediencia a Cristo.
El Señor nos pide cuidar nuestra mente para actuar inteligentemente en situaciones difíciles y tener la capacidad intelectiva y equilibrada de Cristo, según los que dice Filipenses 4:7 “Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús”.
Tener la mente de Cristo es una verdad sorprendente, porque no es la sabiduría humana sino la divina, entonces podemos escoger nuestros pensamientos, rechazar las mentiras del enemigo y vivir de acuerdo a la Verdad. Podemos fijar nuestra mente en las cosas de arriba donde está Cristo o decidir tenerlas en lo terrenal, en lo perecedero. Podemos creer lo que dice Dios de nosotros que somos santos, amados, perdonados, y totalmente restaurados o creer en lo que el enemigo constantemente nos repite: que somos insuficientes, que somos un fracaso, que no podemos, etc.
Hermanos, elegimos hoy creer en la Verdad de Cristo e influenciar con ella la vida de otros o seguir en las mentiras que nos llevarán a opacar nuestra vida espiritual.











