Cuando eran oposición, López Obrador y su movimiento tomaron el Zócalo de la capital mexicana cuantas veces quisieron
En esta ocasión el título de mi colaboración semanal responde a una expresión muy mexicana, diría yo que única en el mundo entero, para expresar hartazgo, cansancio, inconformidad, todo eso junto y en extremo, eso es lo que refleja esa frase coloquial de los mexicanos, por eso me pareció la más adecuada para titular este artículo, porque fue la respuesta que prevaleció ayer durante la Marcha de la Generación Z en la Ciudad de México y en otras 58 ciudades del país, y a la que acudieron cientos de miles de personas, a la pregunta que muchos reporteros y periodistas que cubrieron el evento en vivo le hacían a los participantes en la marcha, cuestionando la razón por la que marchaban, la respuesta casi unánime fue esa: “Porque ya estamos hasta la madre….”.
Los primeros cálculos apuntan a que en la CdMx marcharon poco más de medio millón de personas, y sumando todas las marchas en territorio mexicano se habla ya de una primera estimación que supera los 2.5 millones de mexicanos que ayer salieron a marchar de manera pacífica y ordenada para expresar sus reclamos, sus opiniones y sus demandas, pero la cifra es lo de menos, porque seguramente el gobierno federal intentará minimizarla, lo importante es que la movilización ciudadana superó todas las expectativas y hay suficientes imágenes que así lo acreditan.
Pero lo que más sorprende e indigna como ciudadanos, es que una manifestación pacífica multitudinaria haya sido reprimida de varias formas, incluso afectando la integridad física de los manifestantes, por un gobierno que cuando fue oposición política hizo de las marchas y las manifestaciones su principal herramienta de lucha por el poder, sin que nadie se los impidiera. Incongruencia total.
Cuando eran oposición, López Obrador y su movimiento tomaron el Zócalo de la capital mexicana cuantas veces quisieron, incluso estableciendo un campamento permanente que duró poco más de 3 meses, luego tomó un tramo bastante extenso de la Avenida Reforma en 2006 por más de 6 meses, y nadie se los impidió, por el contrario, las autoridades de entonces se esmeraron en brindarles seguridad y protección ante los reclamos de la sociedad por las molestias que causaron tales protestas, pese a los cuantiosos daños que causó a la economía de comerciantes y habitantes de la zona.
Para la marcha de ayer, desde el gobierno federal se dispuso todo un operativo de seguridad nunca antes visto, inédito. Se blindó todo el frente de Palacio Nacional y de la Catedral Metropolitana con vallas metálicas de 3 metros de altura, pero no solo eso, las vallas metálicas se colocaron en diferentes puntos del centro histórico, frente al Palacio de Bellas Artes, en la Alameda Central, en las calles de Madero, 16 de septiembre, y otras, pero no solo las vallas metálicas, también se colocaron vallas de concreto en diferentes calles, puntos de acc
eso al Zócalo capitalino, era muy claro el objetivo de impedir el paso a los manifestantes ¿Por qué? ¿Es que acaso ya está prohibido en México manifestarse?
Pero hagamos un poco de contexto para comprender mejor por qué llegamos a este punto. Andrés Manuel López Obrador llegó al poder en 2018, luego de dos intentos fallidos previos, no obstante, su gran apoyo popular, pero finalmente logra la presidencia de la República, y con ese triunfo inicia una serie de cambios sustanciales no solo en la forma de hacer política, sino en todo el régimen de gobierno también.
El entonces presidente de la República, junto con varias decisiones polémicas como la cancelación del NAICM, la desaparición del programa de estancias infantiles, del Seguro Popular y otras similares, inició con sus obras insignia, el aeropuerto de Santa Lucía (AIFA), la refinería de Dos Bocas, el Tren Maya y algunas más, con promesas muy claras sobre los beneficios que se obtendrían con tales proyectos, promesas que constan en cientos de videos que circulan en las redes sociales.
Además, paralelo a esas obras, López Obrador reafirmó su compromiso de campaña para terminar con la corrupción y el dispendio de recursos en la administración pública federal, así como su campaña para “enfrentar” al crimen organizado; “Abrazos, no balazos”
Luego de 6 años de gobierno, los mexicanos pudimos comprobar que ninguna de sus obras insignia tenía un impacto real en nuestro bienestar, incluso que eran perjudiciales porque costaron mucho más de lo que se presupuestó en un principio y seguían consumiendo recursos públicos, dinero de todos nosotros.
También conocimos de innumerables casos de corrupción entre funcionarios de la 4T, las casa gris de su hijo Andy, Segalmex, moches en las obras del Tren Maya, y muchas otras más, pero las que más afectaron directamente a los mexicanos fueron el precio de la gasolina, nunca bajó, al contrario se incrementó, pero más que todo eso, la inseguridad rampante, la criminalidad desbordada en todas las zonas del país, ejecuciones a diestra y siniestra como resultado de una política de seguridad laxa y muy favorecedora para los delincuentes.
El ex presidente desaparece todos los organismos autónomos e independientes que garantizaban medianamente una vigilancia de los actos de gobierno, toma control absoluto del INE y del Congreso de la Unión, y deja una reforma judicial que invade ese poder, ante el reclamo incluso internacional por lo que eso significa en la realidad.
En términos muy generales así es como recibe la presidente Claudia Sheinbaum al país y su problemática social, política y económica, pero ya dentro de su mandato se descubren casos emblemáticos de corrupción con personajes de muy alto nivel en su gobierno, el huachicol fiscal con Adán Augusto López que representa un saqueo de recursos nunca antes visto en México, gobernadores, diputados, alcaldes y muchos funcionarios de su partido inmiscuidos en temas ilegales.
Vienen luego las alertas de EU cancelando visas incluso a gobernadores de entidades mexicanas, algo que no se había visto nunca antes, la inseguridad que se recrudece en Sinaloa, Guerrero, Michoacán, Oaxaca, Guanajuato, Tamaulipas, CdMx, y otros estados rebasando todos los índices previos, pero con la característica muy particular que los asesinatos cometidos tienen objetivos muy específicos y preocupantes: periodistas, políticos, alcaldes, activistas sociales y líderes de opinión, lo que llama poderosamente la atención.
En ese escenario llega la ejecución de Carlos Manzo, alcalde de Uruapan, Michoacán, un hombre que había decidido presentar una lucha frontal al crimen organizado que asolaba su región, que había denunciado con nombres y apellidos a quienes el identificó como capos o líderes de los carteles que operaban en su municipio y que, por esa misma razón, solicitó públicamente en diversos foros e instancias, el apoyo de la federación.
Este asesinato, más allá de sus repercusiones políticas, jurídicas o criminológicas, ha marcado para siempre al gobierno de la 4T como insensible, indolente y sectario, porque, pese a los reclamos y peticiones de Manzo, se mantuvo indiferente a la problemática que el alcalde presentaba sin ambages ni dudas, por eso, cuando la gente dice a Manzo lo mató el estado no se refieren a que la orden de la ejecución haya salido de alguna institución pública, no, se refieren a la apatía, a la terrible omisión de no proteger a alguien que todo mundo sabe que van a matar, a eso se refieren, porque dejaron de brindarle protección a un servidor público que se manifestaba claramente en contra de sus políticas e ideologías, a pesar de haber saltado a la política con Morena, y eso todo mundo lo sabía.
En Chihuahua, la marcha de la Generación Z alcanzó también cifras no usuales en cuanto a ese tipo de marchas o manifestaciones, lo mismo que en nuestra ciudad, miles de chihuahuenses y juarenses salieron a manifestarse, se movieron, pero, insisto, más allá de número de participantes el hecho verdaderamente relevante es que por primera ves en décadas, quizá después del verano caliente en Chihuahua, hay un movimiento verdaderamente social, popular, sin acarreados, sin liderazgos políticos o partidistas, que se manifiesta de esa manera.
Al igual que en octubre de 1968, miles de jóvenes mexicanos están marcando la pauta del país que quieren, y del que no quieren, ojalá y que hoy no lleguemos al trágico desenlace de entonces, ojalá y que quienes nos gobiernan tengan la suficiente sabiduría e inteligencia para leer bien esta manifestación ciudadana, el verdadero pueblo bueno y sabio salió a marchar y a exigir sus demandas, hay que escucharlo.











