Ojinaga Chih. – Esteban fue un diácono y el primer mártir cristiano en la Biblia, conocido por estar «lleno de fe y del Espíritu Santo». Fue elegido para servir a la iglesia y se convirtió en un poderoso evangelista que realizaba prodigios y milagros. Enfrentó acusaciones de blasfemia, lo que llevó a su juicio y posterior condena a muerte por lapidación, dijo ayer la Pastora Amy Galindo de la Iglesia La Cosecha.
Paralelamente la frase en la escena bíblica de Saulo (más tarde Pablo), quien, después de un encuentro con Jesús en el camino a Damasco, quedó ciego durante tres días. Cuando el profeta Ananías le impuso las manos, «algo como escamas» cayó de sus ojos y recobró la vista de forma inmediata.
La expresión se usa figurativamente para indicar un momento de comprensión súbita o de superación de una ceguera, ya sea literal o metafórica y ambos juegan un papel esencial en el desarrollo del evangelio, pero requerían estar lleno del Espíritu Santo.
Esteban era lleno de gracia y poder del Espíritu Santo para dar testimonio de Cristo y su Palabra, un testimonio que daba no por sus propios méritos o capacidades sino porque había aceptado a Cristo en su corazón pues como dice la escritura: “Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.” (Juan 1:17).
Es decir, lo mismo que Esteban recibió, recibimos nosotros en el momento que creímos y recibimos a Cristo, (Juan 1:12-13) el problema es si usamos o no todo el favor que ahora tenemos a disposición.
Debemos cruzar el umbral de la inercia y saber que podemos dar ese mismo testimonio con poder, pues el Espíritu Santo que está con nosotros, actuará en el momento que demos el primer paso para confesar a Cristo, “Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros” (Efesios 3:20), es de Él el poder y la gloria, de nosotros confiar y actuar conforme a su llamado.
No pensemos más que se requiere ser especial o algún don venido de lo alto para dar testimonio con poder de Cristo, ya tenemos el don de la salvación y a su Espíritu ¿qué más queremos? “El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?” (Romanos 8:32), así que levantémonos de la silla de la comodidad y el temor, y vayamos a contar las maravillas que Cristo hace en nosotros todos los días, si encontramos oposición debemos saber que no podrán resistir la sabiduría y la mansedumbre que nos da el Espíritu, pues igual que estuvo con Esteban así está con nosotros el Cristo vivo.











