Los Golden State Warriors pusieron fin a su mala racha con una contundente victoria 114-83 sobre los Indiana Pacers en el Chase Center. A pesar de la ausencia de Stephen Curry, el equipo de Steve Kerr reaccionó tras un inicio irregular y cerró el duelo con una explosión ofensiva en el último cuarto.
La noche comenzó con dificultades para los Warriors, que no lograban anotar con consistencia pese a dominar en defensa. Tras un arranque prometedor (13-4), el ataque se estancó y permitió que los Pacers, plagados de bajas, se mantuvieran en partido. Al cierre del primer cuarto, los locales apenas ganaban 23-21.
El segundo periodo fue un festival de errores ofensivos. Golden State cuidaba el balón, pero no encontraba el aro. Indiana, sin Tyrese Haliburton, Pascal Siakam ni otros seis jugadores, aprovechó la ineficacia rival para mantenerse cerca. El marcador reflejaba más lucha que calidad.
Todo cambió en el tramo final. Impulsados por su defensa y una racha de aciertos en el último cuarto, los Warriors desataron un vendaval ofensivo que definió el encuentro. La diferencia final de 31 puntos mostró un dominio tardío pero absoluto.
Con este triunfo, Golden State evitó un golpe moral ante un rival debilitado y mejoró su registro tras un inicio de temporada irregular. “Era un partido que debíamos ganar, sin excusas”, resumió un miembro del cuerpo técnico. La victoria sirve como alivio y recordatorio de que, incluso sin Curry, los Warriors siguen siendo peligrosos cuando ajustan su juego.












