*Gracias al Cronista y escritor Profr Juventino Juárez por su visita a nuestro Municipio y destacar una de tantas acciones importantes de la Actual administración.
Hace poco más de dos semanas, el Presidente Municipal de Coyame del Sotol, Armando Reyes Mancha, me atendió con una calidez digna de mención mientras le planteaba un proyecto editorial que actualmente traigo entre manos. En el transcurso de una amena charla, el edil desgranó algunas de las acciones más significativas de su administración: el reencarpetado de aproximadamente 60 kilómetros de la carretera federal que conecta a Coyame con Ojinaga —desde la cabecera municipal hasta los límites de nuestra demarcación—, el embellecimiento urbano y la atención personalizada a cada una de sus comunidades.
Sin embargo, el semblante del alcalde se iluminó y su voz cobró una genuina emoción al hablar de un logro profundamente humano: el haber rescatado del anonimato a un grupo de niños tarahumaras en el Rancho Las Garzas, brindándoles lo más elemental que un ser humano merece: identidad y la esperanza de una educación digna. Antes de la intervención municipal, estos pequeños carecían de actas de nacimiento; su instrucción escolar dependía de una maestra del CONAFE y se impartía bajo la precariedad de una bodega, en condiciones deplorables de alimentación e higiene.
Al percibir mi profundo interés por conocer a fondo esta realidad, el Presidente me extendió una cordial invitación para visitar el lugar en compañía de la Maestra Mayra Espino, Directora de Educación y Cultura. Así, fijamos el encuentro para hoy, martes 7 de julio.

A la hora pactada arribé a Coyame. Tras los saludos de rigor en la Presidencia —y ante la ausencia del alcalde, quien tuvo que partir de urgencia a la capital del estado—, emprendimos el viaje hacia Cuchillo Parado. Allí nos aguardaba el Presidente Seccional, Porfirio Levario, quien en su camioneta nos guio a través de un camino de terracería de unos cinco kilómetros hasta las entrañas del Rancho Las Garzas, un oasis agrícola enclavado en medio de una impresionante nogalera de 144 hectáreas y más de once mil árboles en plena producción.
Al llegar, las madres de familia y sus hijos, previamente avisados de nuestra visita, comenzaron a congregarse cerca de la bodega central, siguiendo las indicaciones del señor Mere, el respetado líder y encargado del rancho desde hace ya muchos años. Mi primera pregunta hacia él fue directa: «¿Están contentos? ¿Considera que a los niños les falta algo?». Su respuesta fue un bálsamo: «Prácticamente nada».
A partir de ese momento, el Presidente Seccional, Porfirio Levario, detalló el panorama social de la comunidad. Explicó cómo viven estas familias tarahumaras y la manera en que la Presidencia Seccional se coordina estrechamente con el Alcalde, con la Maestra Mayra Espino y con el propietario de las tierras, el Señor Gonzalo Gallegos. Este esfuerzo conjunto ha consolidado un equipo perfectamente sincronizado para atender a 17 niños que cursan desde el nivel preescolar hasta el cuarto grado de primaria.
Levario nos comentaba que, durante el ciclo escolar, el dueño del rancho facilita un tractor que remolca una traila; en ella, los pequeños viajan a la intemperie rumbo a sus aulas, desafiando el calor sofocante, el frío del desierto o las lluvias estacionales.
Por su parte, la Maestra Mayra Espino nos relató el milagro de la transformación: bajo la actual administración, se gestionó la reapertura de la escuela local, la cual permanecía cerrada por tiempo indefinido. Solicitaron el inmueble para que los niños estudiaran con la comodidad que merecen y, además, habilitaron un espacio de cocina donde la señora Nelly Molina les prepara diariamente sus alimentos, asegurándoles un desayuno nutritivo.
Con notable entusiasmo, la Directora de Educación nos compartió un proyecto en puerta: buscan habilitar la antigua Casa del Maestro como un albergue temporal. La idea es que los menores permanezcan ahí de lunes a viernes, bajo el cuidado de las propias madres de familia, quienes se turnarían por semana. Una iniciativa extraordinaria que vendría a coronar el formidable apoyo que ya reciben.
Tras capturar el momento en la fotografía del recuerdo, regresamos a Cuchillo Parado para visitar las instalaciones de la escuela primaria. Allí nos recibió con suma amabilidad la Señora Nelly Molina quien nos relató la inmensa alegría con la que los niños asisten a clases y la evolución de sus hábitos cotidianos. Ahora llegan impecablemente uniformados y felices; al ingresar, se lavan las manos, desayunan en perfecta armonía, recogen sus platos para depositarlos en el área de lavado, y posteriormente buscan sus cepillos de dientes en sus respectivos vasitos. Con un orden ejemplar, se dirigen entonces a recibir las enseñanzas de la Maestra Tatiana Mata
Salimos de aquel plantel con el corazón rebosante de una alegría limpia, al constatar que esos niños han dejado atrás el olvido y que hoy caminan hacia un futuro más luminoso.
A nuestro regreso a Coyame, coincidimos con el arribo del Presidente Armando Reyes, quien volvía de la ciudad de Chihuahua y de inmediato nos recibió en su despacho. Al compartirle las vivencias y testimonios de nuestra jornada, la emoción volvió a conmoverlo, pronunciando palabras que retratan de cuerpo entero su estatura humana:
«Estoy gobernando con el corazón, no con cifras ni estadísticas. Para mí, esos niños me marcaron para siempre y voy a poner todo lo que esté de mi parte para apoyarlos».
Observar esa sensibilidad genuina hacia los más vulnerables es un testimonio de nobleza. Nos despedimos con el compromiso de regresar en el próximo periodo escolar, para dar continuidad a esta inolvidable experiencia que, sin duda alguna, merece ser replicada en cada rincón de nuestra patria.










