Después del Sermón del monte, Jesús comienza a hacer muchas señales por todos lados, fue sanando toda enfermedad y dolencia del pueblo. Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas y predicando el evangelio del Reino, mientras lo hacía se topaba con gente muy necesitada.
La gente que lo escuchó y lo vio hacer tantos milagros, se juntaban en multitudes para ver a Jesús y escuchar su palabra. Jesús era grandemente conmovido al ver la condición espiritual en que vivía la gente, entre otros conceptos indico ayer el pastor titular de la Iglesia El Restaurador Álvaro Vásquez.
Jesús vio la multitud como a una mies, o un campo que está listo para recoger el fruto. Para que el campo produjera el fruto esperado, se necesitaban personas que trabajaran la tierra, un arado con dos bueyes que se amarraban para surcar la tierra. Posteriormente se sembraba la semilla y se esperaba la lluvia que viene del cielo. Una vez hecho esto, era cuestión de tiempo para ver el fruto en el campo. Después de un tiempo, salía la planta, luego salían las espigas y en las espigas salía el grano del trigo que le daba a la mies un color blanco característico, que hacía que los campesinos se dieran cuenta que los campos estaban listos para recoger el fruto. Jesús dijo en una ocasión a sus discípulos: “¿No decís vosotros: Aún faltan cuatro meses para que llegue la siega? He aquí os digo: Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega” (Juan 4:35). Pues, Jesús estaba hablando a los discípulos en un sentido espiritual no en un sentido literal, él se estaba refiriendo a que había llegado el tiempo de alcanzar el mundo con el Evangelio, advirtió Vázquez Salazar.
Jesús, hoy sigue mirando con compasión la condición espiritual en la que vive la presente generación, y tú que hoy lees esta reflexión levántate como obrero aprobado, la mies es mucha, los obreros pocos y el tiempo se ha acortado.











