El título de este artículo fue tomado de un comunicado oficial de la Junta Central de Agua y Saneamiento de Chihuahua, quien a su vez parafrasea una expresión muy común en muchos países del mundo: “No hay tiempo que perder”
El título de este artículo fue tomado de un comunicado oficial de la Junta Central de Agua y Saneamiento de Chihuahua, quien a su vez parafrasea una expresión muy común en muchos países del mundo: “No hay tiempo que perder”, que quiere decir “manos a la obra”, “hay que darse prisa”, cuando algo es urgente o prioritario, y pues, bueno, la JCAS toma esta frase imperativa y la aplica a uno de sus programas estrella, con un fin bien determinado.
De acuerdo con el boletín de la descentralizada, el evento denominado “No hay agua que perder” fue un “espacio que reunió a especialistas, autoridades y jóvenes universitarios para fomentar soluciones innovadoras en la conservación del recurso hídrico”
“El director ejecutivo de la JCAS, Mario Mata Carrasco, señaló que hablar de agua en Chihuahua implica asumir una responsabilidad compartida ante un contexto complejo marcado por la sequía, la sobreexplotación de acuíferos y la variabilidad en las precipitaciones.” Inicia diciendo el comunicado.
Y agrega: “Destacó (Mata) que el agua no solo es un recurso natural, sino un elemento estratégico para el desarrollo social, económico y humano, y subrayó que invertir en infraestructura hídrica es también invertir en dignidad, al garantizar condiciones básicas para el bienestar de la población.”
El titular de la JCAS enfatizó que: “la crisis del agua no responde únicamente a su disponibilidad, sino a la forma en que se gestiona, distribuye y valora, por lo que hizo un llamado a fortalecer la corresponsabilidad entre gobierno, sociedad y sector productivo.”
Y ese precisamente ha sido tema reciente de preocupación de los juarenses, ya que se ha dicho por diversos actores, incluidos titulares anteriores de la JMAS Juárez, que el llamado “Día Cero” -fecha en la que no habrá gota de agua disponible- está cada vez más cerca, lo que por supuesto implica en enorme riesgo para las familias fronterizas.
Hay quienes sostienen, desde el populismo más recalcitrante y absurdo, que el agua no debería de cobrarse, ya que es un recurso natural de los mexicanos, pero el tema es que no se cobra el agua, el líquido como tal, lo que se cobra es toda la infraestructura que se debe construir para llevarla hasta cada hogar, negocio, oficina, comercio o industria lo que, en una zona geográfica desértica como la nuestra, cada día resulta más costoso hacer.
En Juárez, es verdad que los mantos acuíferos están estresados más allá de los límites que desearíamos, lo que pone en riesgo la disponibilidad del vital líquido y hace cada vez más necesario que entremos en una nueva cultura del uso eficiente y racional del agua, por nuestro propio bien.
Pero, para comprender mejor todo este complejo tema, revisemos algunos datos importantes. Ciudad Juárez, como asentamiento humano, vive una contradicción geográfica estructural: es una ciudad asentada en pleno desierto, pero con niveles de consumo de agua que corresponden a regiones con abundancia hídrica.
A primera vista, el servicio parece estable, usted o yo abrimos la llave y sale agua. La mayoría de los hogares tiene acceso a agua potable, las redes funcionan y no hay una crisis visible como en otras regiones del país. Sin embargo, esa aparente normalidad oculta un problema mucho más profundo.
El modelo hídrico de la ciudad depende casi en su totalidad de la extracción intensiva de agua subterránea, un recurso que tarda cientos o miles de años en recargarse. Al mismo tiempo, el consumo por habitante se mantiene entre los más altos de México. Especialistas coinciden en que la combinación de sobreexplotación y alto consumo configura una crisis silenciosa que podría volverse crítica entre 2030 y 2040.
El sistema de abastecimiento de Ciudad Juárez se sostiene principalmente en el acuífero Bolsón del Hueco, una reserva subterránea compartida con El Paso, Texas. Este acuífero ha sido explotado por Juárez y El Paso durante décadas, para sostener el crecimiento urbano, industrial y demográfico de la región, por tanto, el consumo de nuestros vecinos del norte también nos impacta a los juarenses.
El problema central es que la extracción supera la recarga natural, lo que provoca un descenso continuo en los niveles del agua. Esto implica que cada año se necesita perforar más profundo, lo que incrementa los costos energéticos y eleva el riesgo de deterioro en la calidad del agua. Investigaciones académicas han advertido que el modelo actual no es sostenible en el largo plazo si no se reduce el consumo o se diversifican las fuentes de abastecimiento.
Por otro lado, el consumo promedio en Ciudad Juárez oscila entre los 300 y 380 litros por persona al día (JMAS), muy por encima de los estándares internacionales, considerando que en esa cifra se incluye el consumo de la industria maquiladora, que es bastante demandante con ese recurso (Consumen juarenses menos agua en 2024, El Diario de Juárez, https://tinyurl.com/228c52rr).
Para ponerlo en perspectiva, organismos internacionales recomiendan entre 50 y 100 litros diarios para cubrir necesidades básicas, y entre 150 y 200 litros para un nivel urbano eficiente. Este alto consumo responde a múltiples factores estructurales.
El clima extremo obliga a utilizar sistemas de enfriamiento evaporativo durante largos periodos del año, lo que incrementa significativamente el uso de agua. A esto se suma una cultura de consumo donde el ahorro no ha sido prioritario, así como problemas de fugas en la infraestructura urbana y robo de agua en tomas clandestinas. El resultado es un sistema que cada vez demanda más agua de la que puede sostener de manera natural. El cambio climático añade presión adicional, con temperaturas más altas y menor recarga natural del acuífero.
En comparación con otras ciudades del país, aún de las más industrializadas, Ciudad Juárez presenta niveles de consumo significativamente más altos. Ciudades como León, Monterrey o Guadalajara han logrado reducir su consumo a cerca de 130 litros por persona al día mediante políticas de eficiencia y cultura del ahorro.
Monterrey, a pesar de su crisis reciente, mantiene niveles más bajos que Juárez, lo que sugiere que el problema no es únicamente de disponibilidad, sino de gestión y comportamiento social. Reducir o racionalizar (no racionar) el consumo es una de las estrategias más viables para garantizar la sostenibilidad del sistema en el largo plazo.
Los escenarios a futuro dependen de las decisiones que se tomen en el presente. En un escenario de continuidad, el acuífero podría entrar en una fase crítica, con mayores costos, menor disponibilidad y conflictos sociales por el agua. En un escenario de ajuste moderado, la crisis podría retrasarse, pero no evitarse completamente. El escenario más favorable implica una transformación estructural del modelo hídrico, así como nuevas y mejores fuentes de abastecimiento lo que incluye reducir el consumo, mejorar la eficiencia de la red, reutilizar aguas tratadas y desarrollar nuevas fuentes de abastecimiento.
Sin alarmismos innecesarios ni posturas extremas, nuestra ciudad enfrenta una encrucijada histórica en materia hídrica, una crisis contingente digamos, porque el modelo actual ha permitido sostener el crecimiento de la ciudad durante décadas, pero muestra señales claras de agotamiento.
Ciudad Juárez no es una ciudad sin agua, es una ciudad que consume como si el agua no se fuera a acabar. El modelo actual -basado en extracción intensiva, consumo elevado y planeación urbana limitada- ya no es sostenible. La pregunta no es si habrá crisis. La pregunta es cuándo. Y todo indica que el punto de inflexión se acerca entre 2030 y 2040.
La transición hacia un modelo sostenible requiere cambios en políticas públicas, infraestructura y comportamiento social. El tiempo es un factor crítico. Las decisiones que se tomen en los próximos años determinarán si la ciudad enfrenta una crisis hídrica o logra adaptarse y evitarla a tiempo. El agua sigue fluyendo hoy, pero su futuro es cada vez más incierto, podría ser que en el mediano plazo esa circunstancia cambie drásticamente.
Sí, el agua es de todos, pero también todos tenemos la obligación de cuidarla porque no es un recurso infinito, se puede acabar.











