México tiene más tarjetas bancarias que nunca, pero millones de personas siguen prefiriendo usar efectivo.
México vive una contradicción en inclusión financiera cada vez más evidente. Mientras bancos, fintech y plataformas digitales expanden agresivamente sus servicios en el país, millones de personas siguen prefiriendo guardar efectivo en sus casas antes que depender de una tarjeta de crédito o una app bancaria.
La paradoja es especialmente llamativa porque México se convirtió en uno de los mercados más atractivos para la industria financiera digital en América Latina. De acuerdo con información retomada por Bloomberg Línea, el número de fintechs en el país pasó de menos de 200 hace una década a más de 800 actualmente. Al mismo tiempo, los pagos electrónicos crecieron a doble dígito impulsados por inversiones millonarias y una mayor adopción de cuentas bancarias.
Sin embargo, el avance tecnológico no ha sido suficiente para desplazar una cultura profundamente arraigada alrededor del efectivo. Aunque cerca de ocho de cada diez mexicanos ya tienen una cuenta bancaria, millones continúan utilizando billetes y monedas como principal herramienta financiera en su vida diaria.
Los mexicanos tienen más cuentas bancarias, pero el efectivo sigue mandando
El crecimiento de productos financieros digitales no necesariamente se tradujo en una menor dependencia del efectivo. Según datos del gobierno de México, más de la mitad de las tarjetas de débito en el país prácticamente no se utilizan y casi la mitad de las tarjetas de crédito permanecen inactivas.
El problema no sólo está relacionado con acceso financiero, sino con hábitos económicos y culturales. Cerca del 85% de las compras pequeñas todavía se realizan con efectivo, una cifra que muestra cómo el dinero físico continúa dominando gran parte del consumo cotidiano.
La economía informal también juega un papel clave. Aproximadamente el 54% de la población económicamente activa trabaja fuera del sistema formal, situación que influye directamente en cómo las personas reciben ingresos, ahorran y realizan pagos. Para muchos usuarios, el efectivo ofrece privacidad y evita dejar rastros financieros que puedan derivar en obligaciones fiscales.
Aun así, el uso de pagos digitales comienza a crecer gradualmente. En 2024, casi la mitad de los mexicanos prefería utilizar tarjeta para compras superiores a 500 pesos, cuando seis años antes apenas lo hacía una minoría. Los pagos móviles también avanzan, aunque todavía representan una parte reducida frente al uso de efectivo.
México sigue desconfiando de los bancos y eso frena la digitalización financiera
La transformación financiera tampoco ocurre de forma uniforme en el país. Ciudad de México concentra buena parte del ecosistema fintech y ya registra una presencia importante de pagos electrónicos. Sin embargo, en varias regiones del sur el efectivo todavía domina casi por completo las transacciones cotidianas.
El contraste también se observa frente a otros países latinoamericanos. Aunque México es la segunda economía más grande de América Latina, todavía se encuentra rezagado en bancarización y pagos digitales frente a mercados como Brasil, donde más del 90% de los adultos utiliza Pix, el sistema de pagos instantáneos impulsado por su banco central.
En México, la desconfianza hacia los bancos sigue siendo un obstáculo importante y tiene raíces históricas profundas. Parte de ese escepticismo se originó durante las crisis financieras de los años ochenta y noventa, cuando el sistema bancario atravesó privatizaciones, rescates financieros y episodios que afectaron directamente los ahorros y la estabilidad económica de millones de personas. Para buena parte de la población, estos eventos dejaron la percepción de que los bancos pueden representar más riesgo que seguridad.











