Tardaron más en llegar a Sinaloa los agentes de la Guardia Nacional comisionados a la protección de Rubén Rocha Moya, que los escribanos de Ulises Lara en redactar citatorios para cincuenta chihuahuenses por la destrucción del narcolaboratorio. Es de la investigación que los obsequiosos ponen “al canto”, Sheinbaum o el escondido en Palenque (No sabe uno quien gobierna de bien a bien) dirán para qué lado dejan caerla.
No se equivocó la presidenta Sheinbaun al nombrarlo Fiscal Especial en Asuntos de Relevancia de la FGR, Lara López (otro de tantos López) es uno de los devotos 90 por ciento leales y diez por ciento capaces, cuando mucho. Esos singulares personajes, de los que Morena está sobrado, no preguntan ni razonan, atienden sin chistar las instrucciones con la premura que su mandante requiera.
Este Ulises Lara que ayer salió con el estribillo de que “fuera de la ley nada, por encima de la ley nadie”, es el mismo que de psicólogo en la oficina de Comunicación Social de la Fiscalía de Ciudad de México, pasó a licenciado en derecho, con cédula profesional en regla de la noche a la mañana. Sin registro escolar lo tituló una desconocida escuela, el “Centro Universitario Cúspide de México”. Allí, Prepa y Licenciatura son cursadas en cinco años. Fue fundado en 2016 en Iztapalapa, donde Clara Brugada reina desde 2012 hasta la fecha.
También es el mismo al que su media hermana, Hilda Lara, acusó de usar sus influencias en la Fiscalía de Ciudad de México para despojarla de su casa, donde vivió junto a su familia durante 35 años. El escándalo del despojo reventó en las fechas que lo hicieron Fiscal en funciones de la Ciudad de México, junto con su repentina titulación de abogado.
Y sí, es el mismo que obstruyó flagrantemente la justicia de Chihuahua rescatando de la Fiscalía Anticorrupción al presunto delincuente Javier Corral Jurado, hoy senador de la República por Morena, acusado de malversar las finanzas estales por casi cien millones de pesos. Ya lo tenían detenido en Ciudad de México, pero Lara envió grupos armados para impedir el trabajo de los agentes chihuahuenses.
Es lo que se ha podido conocer de sus escándalos a partir de que se hizo cargo de la FGJCD a la fecha, un tiempo muy corto para tantos casos de azoro. Hasta antes, dicen quienes saben de sus antecedentes, era conocido por ser “el cuñado de Martí Batres”, a su vez hermano de Lenia, la autollamada ministra del pueblo y quien ha promovido la revisión de casos ya juzgados en la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
En las manos de ese ínclito personaje está la Justicia de los Asuntos Relevantes del gobierno de Claudia Sheinbaum. ¿Con alguien así en oficio de Ministerio Público, qué garantía tienen los que irán a declarar por el caso del narcolaboratorio destruido y los que mañana tengan la mala suerte de ser incómodos al régimen?. No señores, a nadie engañan. La supuesta justicia que practican es una ominosa cortina de humo para desviar la atención sobre los narcogobernantes de su partido que tiene señalados el Departamento de Justicia Norteamericano. A ellos deberían enjuiciar, pero en lugar de hacerlo son protegidos con su manto de impunidad.
Abusados los que estén en la lista, el gobierno de la demagogia populista es capaz de todo y con personajes como Ulises Lara de fiscales, la obediencia es plena. Les ordenan morder y muerden; aflojar y aflojan. Es la justicia versión cuatroté que tenemos ahora los mexicanos.
Rompeolas
Ariadna Montiel se estrenó como presidenta de Morena con un discurso muy puritano, condenando la corrupción y exigiendo candidatos incuestionables. Se queda en el discurso, pues apenas pasaron 48 horas de pedir una “trayectoria impecable” a los futuros candidatos del régimen, pero ya está defendiendo al narcogobernante con licencia de Sinaloa. Dicen una cosa y hacen exactamente otra. No pueden desprenderse ni de los indefendibles, que son varios, así que buscan esparcir su basura en otras direcciones. Imaginan que si cae uno caen todos y, saben qué, están en lo cierto, el castillo es naipes. Por ese se protegen unos a otros con singular ferocidad.
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Muy bien ha manejado Gilberto Loya la narrativa por la cooperación con agencias de los Estados Unidos, coordinándose con las instancias federales para no dar pasos en falso. Hace bien, con toda seguridad que agentes de la CIA, la DEA, el FBI y sabrá cuántas agencias más pronto tendrán acceso a la información Centinela, pero Loya estará blindado si mantienen la comunicación fluida con las instancias federales. Pongase muy listo, estarán esperando cualquier error para tratar de crucificarlo. El gobierno de Trump los trae de la cola y no quieren saber quien se las hizo, buscan quien se las pague.










