Estoy de acuerdo con Claudia Sheinbaum, inadmisible que el gobierno de los Estados Unidos se convierta en el gran elector de México. Las elecciones, como dijo ayer, deben ser asunto de los mexicanos. El problema, señora presidenta, es que su gobierno canceló la ruta democrática, al imponer consejeros y funcionarios obedientes del INE al régimen, secuestrar al Tribunal electoral con magistrados sometidos y, en aberrante votación, hacer de la Suprema Corte de Justicia una caricatura. Cada reforma constitucional ordenada por López Obrador y por usted llevaron el siniestro propósito de consolidar el autoritarismo en detrimento de la democracia. La más reciente, anular elecciones a contento de su movimiento con el pretexto de intervención extranjera, es otro de los muchos excesos antidemocráticos.
Además de secuestrar a los organismos electorales y hacer una Justicia de caricatura, usan el erario como su bolsa privada para mantener un ejército electoral los 365 días del año en todo el territorio nacional y, lo que tanto quiere ocultar, establecieron una criminal sociedad con cárteles de la droga convirtiéndolos en operadores electorales de su partido, Morena. Existe una inequidad brutal entre el partido oficial, su partido, y los partidos de oposición. No hay posibilidad objetiva de competencia interna, parte oscura del régimen que permaneció ausente en su discurso del domingo.
Habló como si México tuviese las más solidas instituciones democráticas, donde los votantes pueden elegir en libertad con la seguridad de que su voto será contado sin que ningún partido tome ventaja ilegal sobre otros. La simulación de afirmar que podemos elegir en democracia es una mentira completa, cínica, desvergonzada. Es una infamia declarar que los mexicanos debemos elegir, cuando usted y el régimen que representa han pervertido la competencia política, poniendo a su partido en una superioridad artificial apalancada en los recursos del Estado y la capacidad económica e intimidatoria de criminales. Morena es un partido de Estado y la oposición el enemigo de ultraderecha que jamás debe gobernar nuestro país. ¿Porqué?, si tan seguros están de recibir el favor popular, deberían dejar que la gente decida.
También dice que los norteamericanos (la ultraderecha como usted le llamó) quieren intervenir en nuestras elecciones del 2027 e intentan, con los requerimientos a personajes encumbrados de su movimiento, recuperar electores en su país. ¡Pues claro!, es obvio. Sólo que también hay otra circunstancia ignorada por usted: el Departamento de Justicia tienen pruebas muy sólidas contra los funcionarios señalados de su partido, Rocha Moya, Inzunza y los demás. Y no solo contra los reclamados de Sinaloa, también contra “los otros” que vienen atrás de ellos, como usted advirtió durante el discurso. En esos “otros” puede incluir 20 o más nombres, entre ellos el de Andrés Manuel López Obrador, sus hijos, el senador Adán Augusto López, el secretario de Educación, Mario Delgado, la nueva asesora jurídica, Luisa María Alcalde, seis o siete gobernadores en activo y sepa Dios cuantos más. Su partido, Morena, se ganó a pulso el mote de ‘narcopartido”. Acéptelo.
A ningún mexicano le gusta que la Justicia Norteamericana intervenga en nuestro país, somos un pueblo celoso de nuestra dignidad soberana. Pero sucede que, teniendo pruebas para actuar contra ellos, usted prefirió protegerlos y además lo hizo con inusitada vehemencia. El que nada debe nada teme, repitió durante todo el sexenio López Obrador, ¿Cuál es el su temor para cumplir con los tratados de extradición, deteniendo a los señalados?. Sabe lo que significa Estados Unidos para la economía nacional, conoce nuestra dependencia energética, alimentaria, comercial. Tiene absoluta certeza de la vulnerabilidad como país frente al poderoso Vecino y sin embargo decide desafiarlos envuelta en desusadas creencias ideológicas.
El gobierno de Trump ofreció varias oportunidades para desconocer la tutela política de López Obrador y usted decidió ignorarlas, aceptando voluntariamente que su compromiso está con “el movimiento”, no con los mexicanos. Por unos cuantos con fama de corruptos y criminales, ayer puso en riesgo a todo el país. Ningún presidente antes que usted desafió a los Estados Unidos en un discurso que parecía declaratoria de guerra. ¿Es su concepto de soberanía?. ¿Y qué piensa de la soberanía ciudadana para elegir a sus gobernantes?, ¿O de la soberanía de libre tránsito, que podamos trasladarnos sin temor a ser secuestrados o asesinados en las carreteras?, ¿O la soberanía perdida frente a las organizaciones criminales, dueñas de amplias franjas de territorio nacional?.
Los problemas de México deben ser resueltos por los mexicanos, si. Pero cuando desde el mismo gobierno conspiran contra la sociedad libre agravando esos problemas, ¿qué recursos quedan para resistir?. Su discurso del domingo es una hipocresía de principio a fin, sin exagerar.
Rompeolas
En las últimas semanas la gobernadora Campos se fue a los cuernos de la luna. Una de las encuestadoras serias del país la puso de primera en el ranking nacional de gobernadores, con una aceptación del 70 por ciento. La recuerdo en lugares destacados pero no en primer lugar, seguramente por eso le bajó dos rayitas la demagogia populista que quiso despedazarla con pretextos soberanistas. Detuvieron, por ahora, el juicio político contra ella y en la mañanera de hoy fue más tema Calderón que Maru. Se dieron cuenta de su error. Ya es demasiado tarde, el sábado empezó en Chihuahua el rescate de la Patria con Maru a la cabeza.
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Trágico y muy lamentable accidente donde murió Marco Licón, presidente de la Junta de Agua en Ciudad Juárez. Era un eficiente funcionario con futuro prometedor. Ni hablar, son los designios de Dios. A su esposa e hijos, a todos sus seres queridos mis más sinceras y sentidas condolencias.











