La cobardía de Cruz / Lo bueno: no acabó en tragedia / La alianza de facto / Loya entregado
DE ACUERDO con lo que se alcanza a observar en fotografías y videos difundidos en redes sociales, el aspirante de Morena a la gubernatura, Cruz Pérez Cuéllar, habría abandonado el lugar donde se realizaba un rodeo organizado en su honor, justo después de que uno de los jinetes resultara gravemente lesionado durante una de las suertes.
El hecho ocurrió el domingo por la tarde en la zona conocida como La Haciendita, ubicada al fondo de la avenida Cantera, muy cerca de la autopista Chihuahua-Cuauhtémoc, en la capital del estado. El evento habría reunido a unas 200 personas entre participantes e invitados, en un festejo que tenía como principal figura al alcalde con licencia de Ciudad Juárez.
Según la información que trascendió, Héctor “El Cuco” Ochoa habría sido uno de los organizadores del rodeo, realizado en un lienzo de carácter aparentemente informal, hasta donde acudió Pérez Cuéllar como invitado. Durante el desarrollo del evento, un jinete que intentaba lanzar y derribar un becerro cayó del caballo y sufrió lesiones de consideración.
El accidente terminó requiriendo la hospitalización del jinete horas después de la caída, mientras que, de acuerdo con las versiones difundidas, Pérez Cuéllar habría optado por retirarse del lugar al conocer lo ocurrido. El detalle que encendió las redes sociales fue precisamente que el rodeo se realizaba en su honor y el sitio estaba tapizado con su imagen, por lo que su salida fue interpretada como un intento por evitar que su nombre quedara relacionado con el accidente.
Y ya se sabe cómo funcionan las redes sociales: la llamada “huida” del aspirante morenista se convirtió rápidamente en motivo de críticas y cuestionamientos, particularmente porque el accidente ocurrió en un evento que llevaba su nombre y cuya organización aparentemente no cumplía con todas las medidas de seguridad.
Pero el asunto no terminó con el accidente. También habría faltado una ambulancia y el permiso correspondiente de la autoridad municipal, requisitos básicos para la realización de un evento de estas características. En otras palabras, todo parece indicar que se hicieron las cosas al revés y ahora el propietario del inmueble enfrentaría una multa cercana a los 75 mil pesos por la falta del permiso.
Lo deseable, más allá de las responsabilidades administrativas, es que quienes organizaron o promovieron el evento se hagan cargo de los gastos médicos y de recuperación del jinete lesionado. Por fortuna, el accidente no terminó en una tragedia mayor, pero deja sobre la mesa una pregunta elemental: ¿quién se hace responsable cuando un evento político disfrazado de festejo termina con una persona hospitalizada?
POR OTRA PARTE, todo parece indicar que el alcalde de Chihuahua, Marco Bonilla Mendoza, ya construye una alianza electoral de facto con el PRI rumbo al proceso de 2027. Todavía no existe una formalización pública del acuerdo, pero los movimientos políticos comienzan a dejar pocas dudas sobre el acercamiento entre ambos partidos.
Bonilla se reunió con alcaldes priistas en un encuentro organizado por Tere Erives y posteriormente participó en el Congreso Estatal Campesino, cuya dirigencia corresponde al diputado Arturo Medina. La presencia del alcalde panista en ambos espacios no parece casualidad, particularmente cuando se comienza a definir el escenario político rumbo a la sucesión estatal.
La lectura política es sencilla: PAN y PRI estarían preparando una nueva coalición electoral, que no necesariamente se limitaría a la candidatura a gobernador, sino que podría extenderse a diputaciones federales, locales y presidencias municipales, dependiendo de los intereses y posibilidades electorales de cada partido.
De concretarse, sería la segunda ocasión en que PAN y PRI competirían bajo una alianza formal en Chihuahua, aunque esta vez el escenario es muy distinto al de procesos anteriores. Morena mantiene una presencia importante y, frente a ese adversario común, la suma de estructuras puede convertirse en una necesidad más que en una decisión ideológica.
POR CIERTO, si alguien todavía tiene dudas sobre quién podría ser el personaje con mayores señales de respaldo desde Palacio de Gobierno para buscar la alcaldía de Chihuahua, solamente tendría que revisar el tamaño del festejo que le organizó el secretario de Seguridad Pública Estatal, Gilberto Loya, a Santiago de la Peña.
Se habla de entre cuatro y cinco mil invitados, además de música, comida y pastel, en un evento que por sus dimensiones seguramente no salió barato. Y aquí aparece la pregunta obligada: ¿de dónde sale el dinero para organizar un festejo de esas dimensiones, cuyo costo fácilmente podría alcanzar varios cientos de miles de pesos o incluso superar el millón, dependiendo de la logística y los servicios contratados?
Más allá de quién pagó la fiesta, el respaldo político de Gilberto Loya hacia Santiago de la Peña fue evidente. Difícilmente un funcionario de ese nivel organizaría un evento de semejante magnitud sin medir las consecuencias políticas, sobre todo cuando el proceso interno del PAN rumbo a 2027 apenas comienza a calentarse.
Así las cosas, Santiago de la Peña avanza en su proyecto político bajo un evidente arropamiento oficial, mientras otros aspirantes intentan abrirse paso por sus propios medios. Falta mucho para la definición de candidaturas, pero en política las señales cuentan, y las que se están enviando desde Palacio de Gobierno parecen cada vez más difíciles de ignorar.











