¿Has notado que el tiempo no pasa igual ahora que eres adulto a cuando eras niño? Los científicos también y por eso han estudiado este fenómeno. Resulta que existen diferentes factores que influyen en que sintamos que el tiempo pasa más rápido.
Uno de ellos es la rutina. En la niñez, vivimos constantemente experiencias nuevas; cada una de ellas activa el cerebro, que dedica más recursos a almacenar esos recuerdos. Ese esfuerzo mental hace que los días parezcan más largos y densos, contrario a cuando somos adultos y los días son previsibles.
Cuando los días son muy parecidos, el cerebro no distingue detalles entre ellos, por eso “el tiempo vuela”, pues no hay recuerdos distintivos para percibir una duración. Pero también hay un factor cerebral que afecta la percepción del tiempo.
Con los años, disminuye la producción de dopamina, neurotransmisor que interviene en la percepción temporal, haciendo que el cerebro procese los intervalos de tiempo más rápido.
Esa es la razón por la que sientes que, estando a días de concluir el 2025, apenas ayer nos quejábamos de cuánto duró enero.











