Hace tres años, la cristiana Ana Maria de Brito, de 91 años, decidió regresar a la escuela en Juiz de Fora, Minas Gerais, para aprender a leer y escribir. Su objetivo principal: poder leer por sí misma la Biblia que tanto ama.
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Ana María contó que su deseo nació dentro de la iglesia. “Yo dije: ‘Estoy viendo a todo el mundo en la iglesia leyendo la Biblia, yo también quiero leer’”, relató en una entrevista a TV Integração.
En su infancia, Ana tuvo que abandonar los estudios para ayudar en el sustento de su casa. Con apenas 10 años, se mudó a Río de Janeiro y comenzó a trabajar como niñera y empleada doméstica.
A los 15 años, se casó e inició su propia familia. “Yo no tenía ningún documento. El mismo día que él sacó mi registro, marcó la boda. A los seis meses, nos casamos. Dios se lo llevó hace poco tiempo”, recordó la anciana sobre su esposo.
Tras quedar viuda, Ana regresó a Juiz de Fora y decidió dar un paso de fe hacia su viejo sueño. A los 88 años volvió a estudiar y comenzó el proceso de alfabetización, demostrando que nunca es tarde para aprender.
Hoy, Ana Maria dice que ama ir a la escuela, donde ha hecho amistad con compañeros y profesores. Cada palabra nueva que aprende la acerca un poco más a su anhelo de leer la Palabra de Dios por sí misma.
“La mejor cosa que busqué en la vida fue el estudio y la iglesia. No pienso en nada más que no sea eso”, afirmó con gratitud. Para ella, educación y fe caminan juntas como un regalo de Dios en esta etapa de su vida.
Actualmente de vacaciones, la anciana confiesa que extraña la rutina escolar. “Estoy en casa, pero estoy sintiendo falta de las compañeras, de la profesora. Loca por volver”, comentó, ansiosa por seguir aprendiendo.
La historia de Ana Maria recuerda el valor inmenso de la Biblia y el deseo de muchos creyentes de conocerla de primera mano. Su ejemplo enseña que buscar a Dios y formarse en la fe nunca tiene edad límite y que el Señor honra a quienes se esfuerzan por acercarse más a su Palabra.











