*Campaña evangelística
Ojinaga Chih.- Todo el mundo es un esclavo en el sentido espiritual. O bien somos esclavos del pecado, que es nuestro estado natural, o somos esclavos de Cristo, dijo ayer el Pastor Álvaro Vázquez, en la primer noche de campaña evangelística en la comunidad del Tecolote, un evento que continua hoy a partir de las 6.30 de la tarde.
Los escritores del nuevo testamento declararon voluntariamente su condición como esclavos de Cristo.
Pablo comienza su carta a los Romanos al referirse a sí mismo como «un siervo de Jesucristo» (Romanos 1:1) y en su carta a Tito se llama a sí mismo un «siervo de Dios» (Tito 1:1). Santiago inicia su epístola de la misma manera, «Santiago, siervo de Dios y del Señor Jesucristo» (Santiago 1:1). La mayoría de las traducciones dicen «siervo» o «sirviente» en estos pasajes, pero la palabra griega doulas literalmente significa «esclavo».
En Juan 8:34 Jesús le dice a los incrédulos fariseos, «De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado». Jesús usa la analogía de un esclavo y su amo para hacer la observación de que un esclavo obedece a su amo porque es de su propiedad.
Los esclavos no tienen voluntad propia. Están literalmente bajo el yugo de sus amos. Cuando el pecado es nuestro amo, somos incapaces de resistirlo.
Pero, por el poder de Cristo para vencer el poder del pecado, «siendo libertados del pecado, vinisteis a ser siervos de la justicia» (Romanos 6:18). Una vez que venimos a Cristo en arrepentimiento y recibimos el perdón de pecados, somos empoderados por el Espíritu Santo que viene a vivir dentro de nosotros.
Es por su poder que somos capaces de resistir al pecado y convertirnos en esclavos de la justicia.
Los discípulos de Jesús le pertenecen a él y quieren hacer las cosas que a él le agradan. Esto significa que los hijos de Dios lo obedecen y viven libres del pecado habitual. Podemos hacer esto porque Jesús nos ha liberado de la esclavitud del pecado (Juan 8:36) y, por tanto, ya no estamos bajo la pena de muerte y separación de Dios.











