¿Quién cuida a las cuidadoras?
Pocas actividades son tan importantes para el bienestar colectivo como el cuidado de otras personas. Sin embargo, en México esta labor sigue considerándose una responsabilidad privada que cada familia debe resolver por su cuenta.
El mayor problema es que detrás de esa idea hay una realidad desigual: las mujeres asumen de forma desproporcionada las tareas que sostienen la vida cotidiana y el funcionamiento de la economía.
Según datos difundidos por México, ¿Cómo Vamos?, 49% de las mujeres que no buscan empleo remunerado se dedican al cuidado de otras personas. No sorprende entonces que tres de cada cuatro personas cuidadoras en el país sean mujeres.
Entonces el problema no es sólo que millones de mujeres realicen trabajo no remunerado; es que ese esfuerzo permanece invisible y rara vez se traduce en derechos, ingresos o seguridad social.
Y mientras el país depende de esas horas de cuidado para funcionar, quienes las realizan enfrentan menores oportunidades laborales, menores ingresos y un importante desgaste físico y emocional.
El caso es que la discusión no debe limitarse a las mujeres que están fuera del mercado laboral. También están quienes trabajan por un salario y, al terminar su jornada, inician otra al combinar empleo, crianza, acompañamiento de personas mayores o la atención de familiares enfermos.
Así, la conciliación entre trabajo y familia se ve como una elección individual, cuando en realidad refleja la falta de apoyos para distribuir el cuidado de forma más equitativa. Muchas mujeres aceptan empleos precarios, horarios fragmentados o menores posibilidades de ascenso para cumplir responsabilidades familiares que siguen recayendo sobre ellas.
La magnitud económica de este fenómeno es enorme. Según datos del INEGI, el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado representa cerca de una cuarta parte del PIB. Aun así, quienes realizan estas tareas rara vez reciben reconocimiento proporcional.
Queda claro que hablar de cuidados no es un asunto privado ni exclusivamente femenino. Es una cuestión de desarrollo económico, justicia social e igualdad de género. Y mientras el cuidado siga considerándose una obligación natural de las mujeres, millones de ellas continuarán pagando un costo que limita su autonomía, sus ingresos y su bienestar.
Reconocer el valor social del cuidado, promover la corresponsabilidad entre hombres y mujeres y fortalecer sistemas públicos de apoyo no son concesiones; son condiciones indispensables para construir una sociedad más equitativa y productiva.
Una sociedad que depende del trabajo de millones de cuidadoras no puede seguir ignorando sus necesidades. El verdadero desafío no es solo cuidar mejor, sino responder en la práctica una pregunta: ¿quién cuida a las cuidadoras?
Como reflexión final, retomo las palabras de Rosalynn Carter: “Sólo hay cuatro tipos de personas en el mundo: los que han sido cuidadores, los que son cuidadores, los que serán cuidadores y los que necesitarán cuidadores”.
Aída María Holguín Baeza
laecita.wordpress.com
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