Lozen y Huera, dos extraordinarias mujeres apache Chiricahua, su increíble historia y la huella que dejaron en el carácter de la mujer chihuahuense.
La historia de Lozen, chamana y brava guerrera
Lozen nació en 1840 en el seno de la banda Chihenne, perteneciente al pueblo Apache Chiricahua (la Nación Apache se divide en cuatro pueblos: Apache Mescalero, Apache Jicarilla, Apache Lipan y Apache Chiricahua; a su vez, los Apache Chiricahua se dividían en cuatro grupos o “bandas”, los Chihenne, los Chokonen, los Ndehi y los Bedonkohe); fue la hermana menor de Victorio; desde muy pequeña, Lozen dio muestras de que no tenía el menor interés por aprender las tareas tradicionales de las mujeres de su pueblo, inclinándose hacia las artes de la guerra y la chamanería. Ella aprendió a montar a caballo con apenas siete años, enseñada por su hermano mayor Victorio, quien ya era un líder guerrero; Victorio le enseñó el manejo de las armas y la inició como guerrera, Lozen fue uno de los muy raros casos en que a una mujer se le permitió ser guerrera.
Todos los jóvenes del grupo eran iniciados en el más duro entrenamiento físico a los ocho años, con el objetivo de formarlos como bravos guerreros; de modo que para cuando los jovencitos de su generación comenzaron su entrenamiento, Lozen ya era una experta jinete, era una sagaz exploradora, también había adquirido una inusual habilidad para el manejo de las armas y tenía todos los conocimientos necesarios para la supervivencia en las condiciones más difíciles y con muy pocos recursos. Lozen se convirtió en guerrera, la única y la mejor de su “generación”. Todos esos conocimientos adquiridos y aprendidos a su maestro, su hermano Victorio.
Al igual que todas las jóvenes apaches, a los 12 años Lozen se sometió a la Ceremonia de Pubertad; este rito era con el fin de conocer las virtudes y habilidades de cada jovencita para su desarrollo y función dentro del grupo; en el caso de Lozen, ella presentó su gusto por la guerra, la chamanería y los rituales. En esta Ceremonia de la Pubertad, Lozen dijo haber sido conferida con el poder de presentir y ubicar la proximidad del enemigo, lo que ella hacía era estar a solas en el desierto, de pie, con los brazos extendidos y las palmas de las manos abiertas, meciendo su cuerpo mientras recitaba una oración a Ussen, el principal dios apache; entonces, según Lozen, comenzaba a sentir un creciente hormigueo en sus manos, que la llevaba a girarse hacia la dirección en donde se encontraba el enemigo. Esta habilidad le facilitó a Lozen que le permitieran integrarse a las incursiones de guerra, siendo la encargada de entonar los cantos y danzas previos a los combates. Y así se inició la leyenda de Lozen, haciendo honor a su nombre, pues Lozen en apache significa “El Escudo de mi pueblo”.
Una mujer que nació para la guerra
A Lozen nunca le importó ni su apariencia ni su aspecto y mucho menos lo que se pensara o dijera de ella, era una mujer libre que tomaba sus propias decisiones y una de ellas fue el ser guerrera; Lozen se vestía como un guerrero más de la tribu, por eso y por su perseverancia y su tenacidad en el querer ser guerrera, fueron los motivos por los que el Gran Jefe Apache Chiricahua, Mangas Coloradas aceptó que se le permitiera cabalgar junto al resto de los guerreros, como si fuera uno más, a pesar de ser prácticamente una mocosa de doce años; en un inicio, Mangas Coloradas utilizó a Lozen como chamana para que le dijera por donde venía el enemigo y también para que dirigiera las danzas y los rituales de guerra.
Al ser una chamana, Lozen aprendió también las artes de la curación y de la medicina a base de hierbas del desierto, por lo que el Jefe Mangas Coloradas tenía en ella a una mujer multi propósitos para la guerra; sin embargo, lo que Lozen anhelaba era ser una guerrera total, igual que los hombres, pero eso Mangas Coloradas nunca se lo permitió, debido a su corta edad.
Al paso del tiempo muere Mangas Coloradas y asume como Gran Jefe Apache Chiricahua su hijo Mangas, quien asciende a sus dos guerreros de máxima confianza: Gerónimo y Victorio, ya con su hermano posicionado como segundo al mando y de la máxima confianza de Mangas, a Lozen se le facilita más su entorno en el grupo de los guerreros, además ya tenía alrededor de veinte años. Del Jefe Mangas, Lozen le aprendió a desconfiar de los mexicanos y de los gringos, así como saber muy bien con quienes comerciar y con quienes no; también Mangas intentó persuadir a Lozen para desistir de ser guerrera, aconsejándole unirse en matrimonio a un guerrero y dedicarse a la familia, cosa que Lozen rechazó por completo, sentenciando que “Lozen no era mujer para ningún hombre”.
Por fin la gran oportunidad que Lozen esperaba llegó; en una de tantas batallas e incursiones de los Apache Chiricahua, Lozen se vió obligada por las circunstancias del combate a empuñar su arco y flechas, así como su carabina Winchester contra los enemigos; en ese combate Mangas la observó y quedó impresionado por la desmedida bravura, valor y arrojo de Lozen, lo que le valió para que Mangas la nombrara oficialmente como un guerrero más, con todos sus derechos, obligaciones y privilegios.
Antes de morir, el Gran Jefe Mangas incluye a Lozen dentro del Consejo de los GuerrerosApache Chircahua, como miembro activo con plenos derecho a voz, voto y autoridad. Al morir el Gran Jefe Mangas, las bandas Apache Chiricahua quedaron en manos de los Jefes Nana, Victorio y Gerónimo.
Surge la leyenda de Lozen la Guerrera Chiricahua
En 1870, Victorio y su banda son trasladados a la Reservación de San Carlos, Arizona en donde vivían en condiciones deplorables de alimentación, de salud y de vivienda, fueron muy maltratados por los soldados americanos; hartos de ser tratados como animales, Victorio y su banda escapan de la Reservación de San Carlos y se lanzan a la conquista de sus territorios originales de Nuevo México, Texas, Chihuahua, parte de Sonora y parte de Coahuila; Victorio y su gente entraron a Texas buscando el refugio con los Apache Jicarilla y con los Apache Lipán, pero son atacados por el Ejército de Estados Unidos que deseaba regresarlos a su reservación.
Ante el ataque, Lozen sin pensarlo dos veces, toma a todas las mujeres, niños y los ancianos del grupo y como toda una líder guerrera, se los lleva y los saca del sitio del combate para cruzar el Río Bravo hacia territorio de Chihuahua, donde estarían a salvo de los gringos; en ese grupo iba el niño apache Kaywaykla, quien años más tarde sería el reconocido escritor James Kaywaykla, que en una de sus obras describe el impacto que le causó la guerrera Lozen y escribe: “Ví una mujer magnífica sobre un hermoso caballo, ¡era Lozen, la guerrera!. En alto, por encima de su cabeza llevaba su rifle, buscó la parte más baja del río y nos llevó a salvo a nuestro territorio de Chihuahua”, sin duda, escenas imborrables para la mente de un niño que años más tarde plasmaría en sus obras.
En otro pasaje, James Kaywaykla escribe: “Lozen podía montar, disparar y luchar al mismo tiempo mejor que un hombre y pienso que tenía más capacidad para planear estrategias de guerra que Victorio”. Kaywaykla narra también que él escuchó decir al Jefe Victorio que “dependo tanto de mi hermana Lozen como del Jefe Nana”, en referencia a su liderazgo entre los guerreros y su banda.
En 1880, Victorio y Nana encomendaron a Lozen la misión de llevar a una madre apache y su bebé hacia Mescalero, Nuevo México, sede de la Reserva Apache Mescalero; la tenaz y decidida Lozen, con la misión de llevar sana y salva a la mujer y su bebé, atravesó el desierto de Chihuahua armada con su rifle, su revólver y su cuchillo, con comida tan solo para tres días, atravesando territorios donde había Rurales de Chihuahua, Ejército Mexicano, Rangers de Texas y Ejército estadounidense; en el trayecto, para no disparar y delatar su presencia mató un bisonte con su cuchillo para proveerse de comida. También la audaz Lozen, con el mayor sigilo se robó un caballo, manta y rifle de un campamento militar mexicano, para la madre y su bebé. Finalmente llegan a Mescalero sanas y salvas, pero ahí es informada de que las fuerzas mexicanas combinadas con rebeldes tarahumaras, al mando del Coronel Joaquín Terrazas habían derrotado y matado a su hermano Victorio en Tres Castillos, Municipio de Coyame, Chihuahua, cuando intentaban llegar a un asentamiento de los Apache Lipán en Texas.
Al conocer la triste noticia, la intrépida Lozen sola y su alma, atravesando los mismos peligros, se regresa hasta Chihuahua, en donde recoge al anciano Jefe Nana, a las mujeres, viejos y niños sobrevivientes de la masacre para llevárselos y unirse a la banda del Jefe Gerónimo, en donde coincidió con Huera, la segunda heroína de nuestra historia. Finalmente, Lozen fallece de tuberculosis el 17 de junio de 1889 en Fort Vernon, Alabama, como prisionera de guerra del Ejército de Estados Unidos.
Tze-gu-juni o Huera, la Mujer del Rayo, una fuerza de voluntad implacable
Esta fue otra valiente mujer Apache Chiricahua perteneciente a la banda de los Chihenne; ella nació en 1847 en territorio chihuahuense bajo el nombre de Tze-gu-juni, que en chihenne significa “Boca Bonita”, aunque siempre fue conocida como Huera; desde muy pequeña, la vida le impuso una serie de condiciones adversas que lejos de doblarla, le hicieron forjarse una férrea voluntad, un carácter implacable y una valentía a toda prueba.
Siendo apenas una niña, Huera caminaba junto con el grupo Chihenne en medio de una tormenta, cuando cae un rayo justo en donde están ella, su madre y su hermana, matando el rayo a estas dos, mientras que de manera milagrosa e inexplicable Huera sobrevivió a la tremenda descarga. Este hecho le generó a Huera alcanzar celebridad dentro del grupo, pues creían que más que el rayo y su descarga, Huera había sido tocada por el poder de Ussen, su dios principal de los Chihenne. Producto de este incidente del rayo, Huera se convirtió en una niña muy madura, con mucha conciencia de la realidad y de una gran fortaleza de espíritu a pesar de su corta edad.
A la edad de doce años, Huera se somete al rito de la Ceremonia de Pubertad, en donde las mujeres Chihenne Chiricahua manifestaban sus planes, sus proyectos y lo que les gustaría hacer en su vida futura dentro de la tribu; ahí Huera manifestó su gusto por la chamanería y los ritos tribales, pero también manifestó su deseo de velar y cuidar de las mujeres ancianas, enfermas o viudas y de velar también por los niños que quedasen huérfanos dentro del grupo, todo eso sin contar con que eventualmente Huera pudiese contraer matrimonio con algún guerrero de la tribu.
En eso empleó Huera su juventud y parte de su vida, se convirtió en una especie de madre protectora y sabia de toda la tribu; Huera, con su gran fuerza de espíritu y carácter tenaz, arengaba también a los guerreros a no doblarse nunca, ni en las peores circunstancias y aunque Huera no era combatiente ni guerrera, su sólida presencia y la forma en que ella se conducía inspiraba a todos en la tribu; nunca se propuso ser más de lo que ella deseaba ser en el grupo, sin embargo su fuerza moral y espiritual junto a su voluntad de hierro, la pusieron en un plano superior dentro de las tribus Apache Chiricahua.
La derrota de Tres Castillos, Huera es esclavizada
El 14 de octubre de 1880, el grupo Apache Chiricahua de los Chihenne se dirigía de manera tranquila y pacífica a cruzar el Río Bravo para reunirse en Texas con la tribu Apache Lipan; el grupo avanzaba en plan pacífico y con lentitud, pues en él también viajaban las mujeres, los niños y los ancianos; viajaban por el noreste del Estado de Chihuahua con rumbo a la región de Presidio, Texas, en cuyo condado existía un asentamiento de la tribu Apache Lipan, al frente del grupo iban el Jefe Victorio y el Jefe Nana, Huera iba junto a ellos; así transcurría su marcha, cuando de pronto se desata el infierno.
Justo en los picos de Tres Castillos, Coyame, son alcanzados por el Coronel Joaquín Terrazas y sus tropas de las fuerzas estatales con el apoyo de rebeldes tarahumaras; esa fuerza había sido enviada por el Gobernador de Chihuahua, General Luis Terrazas, con el objetivo de fulminar a Victorio y su banda y desterrarlos para siempre del Estado.
En la masacre, el Jefe Victorio cayó muerto por un disparo del rebelde tarahumara Mauricio Corredor, aunque la versión del Jefe Nana dice que Victorio optó por suicidarse clavándose un cuchillo en el corazón, pero eso será tema de otra historia. Tras la matanza, las tropas de Terrazas hicieron prisioneros a Huera junto con 70 mujeres y niños, dejando solamente al Jefe Nana con otro grupo de mujeres, jóvenes y ancianos. Mientras que Huera y los 70 mujeres y niños fueron enviados a la Ciudad de México, en donde fueron exhibidos como trofeos y curiosidades, para terminar siendo esclavizados.
Esclavitud, huída y supervivencia
En la Ciudad de México, Tze-gu-juni y los demás prisioneros Chiricahua fueron obligados a trabajar durante cinco años deservidumbre forzada (qué “bonita” forma de llamarle a la esclavitud), recluidos en una hacienda; sus dueños en la hacienda la llamaron Francesca, pero esas humillaciones no trastocaron en absoluto la voluntad de Huera, quien pacientemente, después de cinco años de ser esclavizada ella y los suyos, decidió que era tiempo de huir de ahí y junto con las mujeres y los jóvenes escapan de la hacienda. Lo único bueno que Huera sacó de ahí, fue el haber aprendido el español a la perfección.
Una vez en libertad, Huera guió a su grupo por 1,600 km hasta el norte del Estado de Chihuahua; una travesía en la que tenían que moverse con mucho sigilo para no volver a ser capturados, alimentándose de nopales, tunas y plantas y animales silvestres; eventualmente, alguien del grupo desfallecía y se rehusaba a seguir, pero la firme presencia de ánimo de Huera los hacía levantarse y seguir, “debemos llegar todos juntos a reunirnos con nuestro pueblo” les decía Huera para animarlos.
Sobrevivieron como pudieron y porque Huera nunca les permitió desistir, sin embargo otra tragedia se cernía sobre el grupo; en las serranías del desierto chihuahuense, Huera es atacada por un puma, el ataque fue feroz, Huera se defendió con tal bravura y determinación que terminó por matar al puma clavándole su cuchillo en el corazón; Huera terminó con serias heridas en su cara y en su cuello donde el salvaje felino le alcanzó a clavar un colmillo muy cerca de la yugular; en la pelea, el puma le desgarró parte del cuero cabelludo; todo parecía desplomarse para el grupo, pues su líder, su guía y su fuerza espiritual había quedado en condiciones que parecía que iba a morir ahí, pero Huera no se lo podía permitir, su fuerza interior la obligó a levantarse y llegar a reunirse de nuevo con su tribu.
Después del brutal ataque, las otras mujeres utilizaron espinas de cactus para coserle el cuero cabelludo a la cabeza y detener la hemorragia; con graves heridas en el cráneo, rostro, pecho y manos, Huera se levantó y llevó a su gente a reunirse de nuevo con los suyos.
Una vez reunida de nuevo con su tribu Apache Chiricahua, Huera se recuperó por completo, se casó con el legendario Jefe Gerónimo, se convirtió en la voz y la guía espiritual de su pueblo, además fue curandera y era la figura materna de la tribu, a la que todos recurrían; ella era la que elaboraba el tiswin o tesgüino, una bebida alcohólica de maíz fermentado que bebían en sus ritos y festividades; se dedicó también a servir como intérprete entre el Ejército Mexicano, los Rurales de Chihuahua y los Jefes de su tribu.
Los Apache Chiricahua salen de Chihuahua y regresan a su reservación de San Carlos, Arizona, en donde sirvió como intérprete entre el Ejército, las autoridades de Estados Unidos y los Jefes de su tribu.
Cuando parecía reinar la paz, se desata de nuevo la tormenta
En 1885, de nuevo en la Reservación de San Carlos, todo parecía ir bien, los Chiricahua ya no se consideraban prisioneros ni eran tratados como tal, sin embargo, eran libres solo dentro de los límites de la Reservación, no debían salir de ahí y eso comenzó a afectar al Jefe Gerónimo, quien se debatía entre quedarse o volver a escaparse de ahí; En ese dilema se encontraba Gerónimo cuando le pregunta a Huera acerca de su opinión al respecto.
Huera dice: “Si son mujeres viejas y niños, se quedarán aquí y esperarán su castigo… pero si son guerreros, tomarán el camino de la guerra”. Estas palabras desencadenaron la huida de Gerónimo y sus guerreros, provocando que se lanzaran miles de soldados en su búsqueda, para ser finalmente capturados y confinados ahora sí como prisioneros de guerra.
Huera, Gerónimo y muchos Apache Chiricahua fueron confinados en Fort Sill, Oklahoma, en donde Huera y Gerónimo se volvieron a casar. Tze-gu-juni o Huera, fallece en 1902 en Fort Sill, Oklahoma a la edad de 55 años, sus restos descansan en el Cementerio de Beef Creek Apache en Fort Sill; su esposo, el Jefe Gerónimo fallece en 1909 y fue sepultado a un lado de ella.
En la tumba de Huera se lee la frase “La más valiente entre las mujeres Apache”, que su esposo el Jefe Gerónimo pidió que su pusiera como epitafio.
Contra el Viento: Valientes Mujeres Apache
Lozen y Huera encarnan el espíritu indomable y la fuerza de las mujeres Apache Chiricahua; Lozen como una feroz guerrera y dispuesta siempre a defender a los suyos sin importarle poner en riesgo su vida, dueña de un valor a prueba de todo y una pasión por la guerra como pocas veces se ha conocido.
Huera, por su parte, encumbrada como la valiente madre cuidadora de su tribu; la que estaba al pendiente de todo y de todos; la Mujer del Rayo, que sobrevivió a una terrible descarga de la naturaleza; la que huyó de la esclavitud para guiar a su gente 1600 km hacia la libertad; la que sobrevivió al ataque de un puma matándolo y cuyas heridas y cicatrices llevó por el resto de su vida; la que llevó la voz de libertad que sigue resonando hoy como ejemplo de coraje y dignidad del pueblo Apache Chiricahua. Mujeres cuyo ejemplo forjó el carácter de la mujer chihuahuense.
Aún hay mucho por contar sobre el pueblo Apache Chiricahua…
Referencias Bibliográficas:
+ oem.com.mx/elheraldodechihuahua
+ historynet.com
+ pueblosoriginarios.com
+ alterreny.com
+ mujeresenlasombra.org
+ legendsofamerica.com
+ nativepartnership.org
+ theliftedveil.uk
+ facebook.com
+ es.wikipedia.org












