LA PRESIDENTA Claudia Sheinbaum Pardo cerró su segundo informe de gobierno con un mensaje eminentemente político, en el que colocó sobre la mesa dos conceptos que habrán de convertirse, sin duda, en parte del discurso de Morena rumbo a las elecciones de 2027: colaboración con Estados Unidos, pero sin sujeción; rechazo al injerencismo y defensa de la soberanía nacional.
No se trata solamente de un posicionamiento presidencial. Son mensajes que, de una u otra manera, serán trasladados a las campañas políticas que en los hechos ya comenzaron, aunque oficialmente se pretenda evitar la palabra “campaña” y se recurra a la figura de los coordinadores de la defensa de la Cuarta Transformación para disfrazar los tiempos electorales.
Y es que cuando los resultados no alcanzan para sostener el discurso, particularmente en áreas como salud, seguridad, economía y educación, resulta mucho más sencillo recurrir a la cantaleta de la soberanía, el nacionalismo y el patriotismo. Son conceptos que penetran con facilidad en el sentimiento de los mexicanos, aun cuando no siempre exista claridad sobre lo que realmente significan.
El problema aparece cuando la soberanía y el patriotismo dejan de ser principios de Estado para convertirse en instrumentos de protección política. Desde esta óptica, Morena y el gobierno de la Cuarta Transformación los utilizan como una especie de escudo discursivo frente a cuestionamientos relacionados con corrupción, inseguridad o personajes políticamente incómodos.
Pero hubo otro mensaje que llamó la atención: Sheinbaum insistió en que en Morena no existe división y que la Cuarta Transformación permanece unida. Una afirmación que, por lo menos en el terreno político, resulta difícil de sostener cuando diversos grupos y personajes han comenzado a marcar distancia y cuando las diferencias internas son cada vez más evidentes.
Basta observar los movimientos del llamado grupo Tabasco y el entorno del expresidente Andrés Manuel López Obrador. Adán Augusto López Hernández, Andy López Beltrán, Gerardo Fernández Noroña, el senador Enrique Inzunza y otros actores relevantes no tuvieron precisamente una presencia que pudiera interpretarse como un respaldo al momento político que encabeza Sheinbaum.
Y hay un detalle que tampoco debería pasar inadvertido: durante su segundo informe, la presidenta no mencionó una sola vez el nombre de Andrés Manuel López Obrador. El contraste resulta evidente si se recuerda la cantidad de ocasiones en que fue invocado durante la toma de protesta de Sheinbaum y en su primer informe de gobierno. Los tiempos políticos cambian y los silencios, en política, también hablan.
DESIGNACIONES La dirigente nacional de Morena, Adriana Montiel Reyes, ha insistido en que el partido no tiene prisa para concluir las designaciones de los coordinadores estatales de la defensa de la Cuarta Transformación. La explicación oficial apunta al calendario, pero políticamente el asunto parece tener otra lectura.
La semana pasada Morena realizó cinco designaciones y después vino un impasse abrupto, prácticamente coincidente con la llegada del primero de septiembre y con el segundo informe presidencial. La pausa podría parecer circunstancial, pero dentro del partido se interpreta de otra manera: todavía existen diferencias que no terminan de resolverse.
Y aquí es donde aparece nuevamente la disputa entre Palacio Nacional y el grupo político identificado con Tabasco. El caso de Chihuahua resulta particularmente significativo, porque mientras Cruz Pérez Cuéllar mantiene una posición competitiva, la presión para impulsar a Andrea Chávez desde el grupo tabasqueño continúa siendo fuerte.
Por eso, aunque se diga que no hay prisa, todo indica que sí existe preocupación por encontrar una salida que no provoque mayores fracturas. La designación de Chihuahua se ha convertido en uno de esos casos donde el resultado no solamente definirá una candidatura, sino también cuál de los grupos internos de Morena tiene mayor capacidad de influencia.
Se supone que el proceso de designaciones se retomará la próxima semana y que Chihuahua podría finalmente entrar en la lista. Sin embargo, tampoco puede descartarse que la decisión vuelva a posponerse, incluso hasta las fechas cercanas al Grito de Independencia.
Y MIENTRAS en Morena intentan proyectar unidad, en Chihuahua la ausencia de la gobernadora María Eugenia Campos Galván al segundo informe de Claudia Sheinbaum terminó convirtiéndose en todo un mensaje político. Fue la única mandataria estatal que no acudió a la ceremonia y, naturalmente, la decisión generó especulaciones sobre la relación entre Chihuahua y el Gobierno Federal.
Campos Galván decidió entonces poner las cartas sobre la mesa. “Uno sabe bien cuándo una invitación es por compromiso y cuándo por consideración”, expresó en un posicionamiento que difícilmente puede interpretarse como una simple explicación protocolaria.
La gobernadora dejó claro que las diferencias con el Gobierno Federal no son nuevas y recordó los señalamientos y acusaciones que se han formulado en su contra desde el centro del país. En ese contexto, su ausencia puede leerse como una decisión política y no únicamente como una cuestión de agenda.
Campos, en otras palabras, prefirió no prestarse a una fotografía de unidad institucional que, desde su perspectiva, no corresponde con la realidad política. Y aunque el Gobierno Federal pueda considerar menor el gesto, en política los símbolos tienen un peso enorme.
La pregunta ahora es qué vendrá después. Porque Sheinbaum necesita proyectar control y unidad nacional, Morena necesita resolver sus propias divisiones y Maru Campos busca cerrar su administración manteniendo una posición de autonomía frente al centro.










