López Obrador empezó el sexenio pidiendo confianza y paciencia; “ténganme confianza y paciencia”, repetía como estribillo en las primeras mañaneras. Recibió la confianza y terminó el sexenio con el mayor número de asesinatos desde la Revolución Mexicana, la más grande deuda desde la Independencia y desmontadas las instituciones democráticas. El mismo tiempo acumuló enorme poder, tanto que hoy Claudia Sheinbaum, por él impuesta en una elección de Estado, manda en los tres poderes y en los órganos electorales.
Desde lázaro Cárdenas, cuando exilió a Calles, ningún otro presidente tuvo tanto poder. A pesar de todo, en los últimos meses (básicamente desde el escándalo Rocha Moya) observamos a una presidenta ida, sustraída de la realidad queriendo vendernos a un México de fantasía mientras su rostro habla de angustia, nerviosismo, inseguridad. Junto a ella un partido asustado por la idea, cada vez más franca, de perder las próximas elecciones, encima confundido porque no sabe a quien obedecer, si a él o a ella. ¿Porqué la contradicción?.
La explicación es simple, a pesar del enorme poder acumulado no pudieron derribar el sistema electoral como eran los deseos de su fundador, el infame Plan C. Lo secuestraron con funcionarios leales en INE y Trife, pero no pudieron evitar que los votos sean contados en presencia de la oposición. Esa parte que dejaron intocada en la ley los tiene así, saben que la clave de toda elección está en las urnas y no tienen control pleno sobre ellas. Disponen de todo el dinero, los instrumentos de persecución, los funcionarios electorales, pero los votos siguen contándose en las casillas y el resultado publicándose ahí mismo.
Con el temor decidiendo por ellos y una presidenta que, da la impresión, en cualquier mañanera se infarta, toman decisiones desesperadas. Para quitarse la imagen de narco-partido, mote que los vuelve locos, recurrieron a una vieja estrategia: desparramar la mierda, como perros mojados sacudiéndose en medio de la gente, para embarrar a otros. Con ese propósito detuvieron y enviaron a dos ancianos al penal de máxima seguridad en el país; Ernesto Ruffo y Ángel Aguirre, ambos con absurdas acusaciones. Seguramente vendrán más detenciones, están desesperados.
El otro recurso es la farsa de protección a las audiencias, un vulgar intento de censurar voces incómodas. López Obrador fue muy exitoso en las mañaneras, desde ahí giraba órdenes que se acataban sin cuestionar e imponía ritmo y contenido de la agenda nacional. Claudia Sheinbaum, en cambio, es torpe e insegura y, sobre todo, no tiene el cinismo del expresidente para mentir. En vez de disfrutarlas, padece las mañaneras y a menudo tropieza con ella misma.
Pero lo más desesperante para ella y su partido, es que la agenda se las marcan en el Norte. A partir de que Donald Trump tomo el poder, tres meses después que ella, Sheinbaum ha bailado al son que le impone el engreído y farsante presidente norteamericano y el que menos le gusta, los narco-corridos. Se resiste a bailar e intenta, angustiada, recuperar la narrativa pero cada vez fracasa. A pesar de todo insiste, es la estrategia de sus propagandistas, llegando a los ridículos Nansana Dance Kids, lanzar balones a los reporteros, como si estuviese en un estadio y varias estupideces que hacen de su conferencia matutina un show de bajo presupuesto.
Como nada les ha funcionado y siendo un régimen totalitario, entonces quieren recuperar la narrativa por las malas; censurar e injuriar a la prensa no sometida. También aquí fracasarán, si fracasaron tiranos de todas las épocas cuando la comunicación masiva era complicada, con mayor razón ahora que vivimos en la era digital donde cada ciudadano con teléfono en la mano representa una amenaza para el gobierno. Se los dijo muy claro el congresista de Florida, Carlos Giménez, que allá si pueden llamar a Morena narco-partido. Pues también acá, presidenta, no pueden meter a la cárcel a millones de mexicanos que así lo motejaron.
La desesperación y el temor de Morena, adosado al estrés de una presidenta que no sabe de sí misma, debería ser el mayor estímulo para la oposición. La dictadura no está consolidada, ni podrán consolidarla con el intento censurista, menos en un ambiente internacional adverso en todos los frentes. Pero deben aprovechar la última y más valiosa rendija democrática; las urnas. Para ellos precisan a la de ya (me dicen que lo están haciendo) construir solidas estructuras electorales en todo el país, no sólo en los 17 estados donde se juega la gubernatura, con el fin exclusivo de cuidar las urnas y contar los votos. Ahí está su debilidad, en consecuencia la oportunidad opositora.
Si descuidan las urnas ni se presenten a las elecciones, dejándolas desguarecidas recibirán una paliza igual o mayor a la de hace dos años. ¿Cómo cree que en Chihuahua pasaron de 600 mil votos con López Obrador a 850 mil con Sheinbaum?. En Juárez, la sierra y en cada casilla descuidada los mapaches de Morena se regodearon metiendo votos, no metieron más porque se cansaron o agotaron las boletas.
Rompeolas
Muy movida la gobernadora Campos en escenarios nacionales, hasta parece que ya empezó su precampaña por la Presidencia. Algo sabe ella que no sabemos nosotros, pues aunque ha demostrado ser una mujer valiente, también sabemos que no es suicida. Es la única que ha plantado cara al totalitarismo y además lo hace con una tranquilidad como quien sabe que trae la pepita en sus manos. Esta jugando en las grandes ligas. Muy bien por ella, da gusto que los atore con esa firmeza y sume adhesiones nacionales, nada más que no descuide la política doméstica, aquietar a los pequeños rijosos de su partido debe ser una de sus prioridades. Que, por otra parte, si los ha dejado correr es por que sabe cuando y como detenerlos. No pasará nada. De este tema hablaré luego.










