Los medios recordaron que ayer, hace seis años, ocho de julio, detuvieron con fines de extradición a César Duarte, en Miami. ¿Valieron la pena seis años de gobierno por seis en prisión?. Sólo él sabrá, aunque para ser justos aclaremos que permaneció casi año y medio en libertad condicional, antes de ingresar al penal del Altiplano. Disfrutó esa ventana, bailando como adolescente y queriendo ser factor determinante en las decisiones electorales del 2027. Cuanta insensatez, nunca se percató de su vulnerabilidad jurídica.
De cualquier forma, más de cuatro años y medio encarcelado con siete meses sufriendo las restricciones en un penal de máxima seguridad, es para pensarla dos veces. En eso estará, tiempo tiene para reflexionar sobre lo que pudo hacer y no hizo, sobre si valió la pena o no. Igual dirá que lo bailado nadie se lo quita, el tiempo perdido tampoco. No pasó por prisiones cualquiera, el sistema penitenciario de Miami, donde estuvo dos años, es conocido por ser uno de los más rigurosos de los Estados Unidos. En Chihuahua pasó un año en relativa comodidad y otro con restricciones. Imagine como está, ahora mismo, en el Altiplano y encima sin esperanza de salir pronto, olvidado y sin utilidad política nadie verá por él.
Lo peor, también su esposa, Bertha Gómez, está en problemas legales con la Justicia Norteamericana y sus hijos no pueden visitarlo por temor a ser detenidos. Es el típico caso de una familia destruida por los abusos del poder. Por que si algo hizo Duarte fue, precisamente, abusar del poder y permitir que supuestos amigos en su entorno abusaran junto col él. Ahora entendió en carne propia que los amigos se conocen en prisión, ¿cuántos de los que se enriquecieron con la corrupción de su gobierno lo han abandonado?, ¿cuántos prestanombres se quedaron con parte de su dinero?. De puro recordar debe amargarse la vida.
No es el único gobernador corrupto que ha tenido Chihuahua y probablemente tampoco el que más dinero hizo con la corrupción, pero ha sido el más público, dispendioso y estridente. A gritos pedía cárcel. Su caso debería ser de estudio obligatorio para quienes pretendan ingresan a la política; robar y dejar robar creyendo que el poder es eterno puede y debería, siempre, tener severas consecuencias. Pero en este país de corruptos, temo que de ser estudiado sería para que otros aprendieran a cubrir sus rastros de corrupción, evitando caer en el error de ser descubiertos. La política todo da, pero también todo cobra, decía Artemio Iglesias. A Duarte le ha cobrado con altos intereses y todavía no termina de pagar.
¿Cuánto será considerado pagó suficiente?, ¿cuándo decir que su deuda con Chihuahua está saldada?. En este país sin leyes ni justicia, imposible responder a la preguntas. Duarte solía decir que llegó a la gubernatura en su mejor momento, estaba equivocado, llegó anticipado seis o doce años. Con Morena en el poder, en vez de la prisión estaría llenándose las bolsas en el gabinete, protegido por el manto de impunidad. Vean a Corral, celebrando en los restaurantes su derecho a ser corrupto, está acusado por la misma cantidad de Duarte y anda tan campante. La justicia es para otros, no para los devotos de la demagogia. También en ese tuvo mala suerte, llegó a la corrupción antes de tiempo. Por mi que ya salga, estoy convencido de que ahora lo mantiene detenido la politiquería, no la justicia.










