En 2024 registró 16.4 muertes por cada 100 mil habitantes, la más alta del país: Inegi
Jorge Francomárquez | Corresponsal El Diario
La fotografía social que emerge en la frontera norte es cruda: mientras la economía se desacelera y la maquila modera su crecimiento, la Generación Z (nacidos entre 1997 y 2007) queda atrapada entre la expulsión silenciosa del mercado laboral y un incremento sostenido en los suicidios juveniles.
La estadística no deja lugar para metáforas: Chihuahua encabeza la tasa de suicidios del país con 16.4 por cada 100 mil habitantes, casi el triple del promedio nacional. Y al mismo tiempo, casi medio millón de jóvenes de 15 a 24 años dejaron de trabajar entre abril y junio de 2025, la única cohorte que se redujo, según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del Inegi.
El fenómeno se superpone en un territorio como el norte, donde maquila, migración, violencia y movilidad económica forman un sistema vivo, frágil y sometido a presiones globales.
Según datos del Inegi, de 9.16 millones de jóvenes ocupados en 2024, se pasó a 8.68 millones en 2025. Esa caída de 476 mil personas refleja, según especialistas, que los jóvenes son los primeros en ser despedidos cuando la actividad económica se enfría.
En la frontera el ajuste pega más fuerte
Chihuahua, Juárez y el corredor manufacturero norte concentran empresas con ciclos cortos de producción, alta rotación y líneas sensibles a la demanda estadounidense. Cuando Estados Unidos desacelera, el primer recorte se da en los “eventuales”, y la mayoría tiene entre 18 y 24 años.
Los datos de la ENOE añaden otra capa de información: 67.3% de los jóvenes ocupados estaban en la informalidad en 2025. Esto significa: precariedad, ingresos bajos, nulo acceso a seguridad social y un empleo reemplazable por máquinas, software o subcontratación.
Para los especialistas, la combinación es explosiva.
Suicidio juvenil: la otra alerta roja
En 2024 se registraron 8 mil 856 suicidios en México. La tercera causa de muerte en jóvenes a nivel mundial —según la Organización Mundial de la Salud — está avanzando en el país con velocidad preocupante.
Y Chihuahua sobresale: 16.4 suicidios por cada 100 mil habitantes, seguido de Yucatán (16.2) y Aguascalientes (14.3).
Es en este sentido que el Senado lanzó un llamado para reforzar protocolos de prevención en escuelas y fortalecer los Cecosama (Centros Comunitarios de Salud Mental y Adicciones). El grupo parlamentario del Partido del Trabajo (PT), en un documento de análisis señala que los factores de riesgo son múltiples: violencia,
Pero en Chihuahua hay un componente adicional que no aparece en los boletines oficiales: la presión económica extrema de la frontera, donde jóvenes migrantes, trabajadores eventuales, estudiantes-trabajadores y jornaleros urbanos viven entre turnos nocturnos, movilidad constante y estrés financiero crónico.
Frontera norte: cuando la precariedad se convierte en riesgo
El fenómeno no es aislado. En Juárez —ciudad donde 85% de las exportaciones dependen de la maquila— el empleo juvenil opera bajo una lógica de bandas: la planta sube producción, contrata; baja, recorta. Los jóvenes entran y salen del mercado en ciclos de tres a seis meses.
Con la desaceleración de 2025 y el ajuste anticipado por la revisión del T-MEC en 2026, las plantas bajaron ritmo. Y los jóvenes lo resintieron primero.
La paradoja es brutal: menos empleo formal para jóvenes, más precariedad laboral, más violencia, más estrés financiero y menos acceso a salud mental es igual a una generación que se está quebrando antes de llegar a los 25.
Qué dice la evidencia
Los datos del Inegi indican que entre los métodos de suicidio 85.2% corresponde a ahorcamiento, estrangulamiento o sofocación, 5.6% a arma de fuego y 5.1% a envenenamiento.
Entidades como Chihuahua y Yucatán muestran patrones persistentes, no picos aislados. Las tasas llevan más de ocho años arriba del promedio nacional.
Los legisladores del PT pidieron a las instancias federales de Salud, a la SEP y a la Comisión Nacional de Salud Mental “intervenciones tempranas, programas integrales en escuelas, campañas informativas y coordinación plena entre instituciones”.
Para Chihuahua, el mensaje es más urgente: se trata del estado donde el fenómeno es más grave.
La doble crisis: económica y emocional
En Estados Unidos se habla hace años del “great disengagement”, la desconexión juvenil frente a empleos de baja satisfacción. México está entrando al fenómeno, pero con una variable distinta: una precariedad más profunda.
La Generación Z mexicana, especialmente la del norte, enfrenta:
* Líneas de producción que avanzan hacia la automatización.
* Salarios que no cubren el costo real de vida fronterizo. * Vivienda inaccesible. * Contratos eventuales. * Jornadas nocturnas y transporte insuficiente.
* Violencia cotidiana. * Procesos de reclutamiento criminal en zonas vulnerables.
* Poca atención psicológica.
El resultado: jóvenes que abandonan la escuela, se salen del mercado laboral, o potencialmente se encuentran sin acompañamiento emocional.
La pregunta de fondo no es sólo económica: ¿Qué tipo de futuro se puede construir en un estado donde la generación más joven se está retirando silenciosamente del trabajo y, al mismo tiempo, está muriendo más que en cualquier otra región del país por suicidio?
Especialistas señalan que la frontera necesita políticas específicas: atención integral de salud mental, seguridad social para jóvenes, transporte nocturno, acceso real a educación técnica, reconversión laboral, espacios seguros y redes comunitarias.











