El domingo, los finalistas de “México canta” se presentaron en un teatro de Ciudad de México. Los temas comunes fueron el amor, la migración y la cultura mexicana a ambos lados de la frontera
The New York Times
Una de las ganadoras cantó una balada que fusionaba mariachi y hip-hop. Otra cantó una canción que escribió sobre una oportunidad perdida con un amor. Un tercero cortejó a los votantes con una estruendosa oda a México.
Su escenario se parecía mucho a una imitación de Eurovisión, American Idol o La voz. La diferencia es que los organizadores no eran una cadena de televisión ni una productora, sino el gobierno mexicano.
México canta, el primer concurso nacional de música de esta clase, terminó el domingo por la noche como coronación de una inusual campaña gubernamental de semanas en la que participaron más de 15.000 concursantes. ¿El objetivo? Alejar la música popular mexicana de la cultura de los cárteles del narcotráfico y acercarla a letras más benéficas.
“Aquí inicia la nueva generación de artistas mexicanos para demostrar que en México no es necesario hacer apología del delito y de la violencia, sino que con amor podemos cantarle a la esperanza y al México que todos queremos construir”, dijo en una conferencia de prensa el domingo por la noche Sergio Maya, de 21 años, el cantante que ganó el premio a mejor interpretación.
Él y sus seguidores se enfrentan a grandes retos para lograr ese objetivo.
Los corridos, baladas narrativas tradicionales, han sido una parte popular de la cultura mexicana desde el siglo XIX. Pero en las últimas décadas, un género en auge ha sido el narcocorrido, que relata —a veces con detalles gráficos— las violentas proezas reales de los narcotraficantes.
Los narcocorridos y sus descendientes modernos, como los corridos tumbados —que combinan canto, rap y música tradicional mexicana—, han explotado en popularidad en los últimos años, rompiendo récords con artistas como Natanael Cano y Peso Pluma.











