11 años y amenazamos serán más…
Mis maestros en este oficio de tundir teclas, me decían hace mucho años, que esta es una carrera de resistencia, de no perder vigencia y de permanecer.
Hubo quienes insistieron en que este oficio, es “la chamba” y los entiendo, pues con el tiempo me demostraron que “el oficio” se les acaba en el cheque y por eso se convierten en porristas de quien mejor pague y en algunos casos, incluso son porristas de los dos bandos con una desfachatez que impresiona.
Hay otros que se creen el cuento de que son “amigos” del político o del gobernante en turno, sin entender que el político tiene la obligación de verse cercano, de generar empatía y que al reportero, al periodista, lo ve como un medio y nada más. Pues el día que esa persona deja de ejercer o cambia de medio, el trato también cambia y casi siempre dependerá de “la trascendencia” de “la penetración” del medio para el que se trabaja.
He conocido en este andar de tundir teclas y de escupir en micrófonos, a quienes se sientan a escribir o a escupir a un micrófono, con la soberbia brotándoles por los poros, pues creen que con sus teclazos o sus gritos, ponen a temblar al mundo.
Hay otros que por el contrario, son obsequiosos en extremo, pues siempre están pensando en la posibilidad del “regalo” del “favor” que le van a pedir al político o gobernante del que hablan o del que escriben o que lo están entrevistando y de plano dan risa.
He conocido a quienes escriben para decirnos lo que a ellos les gustaría, otros escriben con la absoluta certeza que les da el desconocimiento absoluto. De todo hay en la viña del señor.
El caso es que este dos de octubre, este espacio cumple 11 años. Y aquí seguimos, cometiendo errores, pero todos los días tratando de informarle a usted, de los hechos más importantes y en nuestra columna, hacemos el análisis de lo que ocurre, de lo que parece que pueda pasar en los temas políticos, sociales, electorales, gubernamentales y demás.
No, este su servidor, este tundeteclas, a quien ya se le quedó el mote de “El Jiribillo”, no es amigo de los políticos, tampoco su enemigo, al 99% de ellos los veo como lo que son, figuras de paso en la palestra política local o nacional, con muy pocos de ellos puedo decir que hay una relación amistosa real y eso es claro de entenderlo, ni yo soy su invitado en sus fiestas privadas, ni ellos en las mías y se los digo sin ofensa, sin queja o reclamo.
Hace ya casi nueve años, me tocó decírselo a uno que se sentía dueño y señor de la aldea, “cuando tú no estes, cuando tú no seas, aquí voy a seguir, en mi página, en otra, en una estación de radio, o en redes sociales, pero aquí voy a seguir”, el tipejo en cuestión se ofendió y un segundón de él, me aseguró con tono amenazante que yo terminaba o huyendo de la entidad o en la cárcel. Y no, ninguna de esas dos cosas sucedió, aquí sigo, tundiendo teclas y el segundón en cuestión si pasó por la cárcel y el colmo, es que ahora se dedica a “decirle sus verdades” al que antes le lamia las suelas del zapato y lo ponderaba como ejemplo de líder y defensor de la justicia y la democracia.
Hace once años fue el primer día que publicamos notas y una columna, hace once años, “pagamos el precio” de ser libres, hace once años inició este andar sin cadenas, sin más compromisos que el escribir libremente.
Hace unos días un político venido a menos, pues ya nada más se dedica a cobrar dinero y demostrar que lo cobra, me reclamó un comentario de la columna, me dio risa, sobre todo cuando me reclamó “porque le tiras a la casa”. Hoy le respondo con toda la claridad del mundo, mi casa, es este espacio y puede ser que deje de tener contratos con uno u otro bando, pero el gusto que me queda, es que esos contratos se acaban por ser claro, no por ser vendido o por intentar extorsiones.
A todos gracias, muchas gracias, por seguir tomándose el tiempo de leer, lo que torpemente escribimos, gracias, muchas gracias por comentar que somos más o menos acertados en los análisis políticos, muchas, muchas gracias, por decir que somos una página que tiene una muy buena columna política.
Gracias, muchas gracias por que gracias a que usted no lee y comenta con alguien más lo que aquí publicanos, es que seguimos siendo y si usted nos sigue leyendo, la amenaza es clara, aquí vamos a seguir hasta que Dios no disponga otra cosa.
También le tengo que agradecer a la licenciada Victoria Pizarro Leyva, quien por diez largos años ha sido el pilar más importante de esta pequeña empresa informativa y además de ello, la mujer que me ha dado fuerzas para no desistir; A Manuel, que es el que hace posible mantengamos el espacio en internet y claro, a Carla, Chuy, Tony y “El Cone”, que gracias a su colaboración diaria se nutre esta página de información.
Yo soy César Luis Ibarra, antes era “César el de la Campe”, hoy casi todos me dicen, “El Jiribillo” y gracias a Dios, mi oficio es ser reportero y gracias a la vida, porque me permitió construir este espacio donde ejercemos nuestra libertad todos los días…







